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Mi arte de pintar es mover los pinceles como muevo el corazón. Cada cuadro, cada colección, cada línea de trabajo, es una apuesta personal y nueva. Para mí, ponerme ante el lienzo es siempre un momento íntimo e intenso. A medida que avanza la obra, las emociones, los momentos sencillos y efímeros, van quedándose en los lienzos.

Quien contemple mi obra ha de encontrar en ella una amiga, una aliada, una cómplice. Deseo dar energía, belleza, alegría y amor. Espero que mis cuadros, mis hijos, cuando se vayan de mí, lo hagan con alguien a quien hacer feliz. Sueño con que sean como una especie de talismanes que eleven el ánimo sólo al contemplarlos. Pretendo que relajen, que descansen, que emocionen. Que permitan pasear por su interior. Y que, quienes lo hagan, vuelvan de este viaje alegres y renovados.

Wagner dijo que la arquitectura es música congelada. Yo quiero que mis obras sean música pintada; que formas y colores se posen en mis cuadros como un pájaro en la rama. Y ésta quiero que sea mi sencilla contribución al mundo: Belleza, Color y Vida.

Si lo consigo, aunque sólo sea en una pequeña parte, la niña que llevo dentro sonreirá feliz y llenará mi alma de alegría interior.